En "El asesino del Vinilo" hay personajes de carne y hueso y bares que huelen a besos y whisky.
Hay bares que ya no están, que ya no son, desde hace mucho. Como la Mtro, la En Bruto, el Inter, el Paradys.
Otros que han desaparecido hace poco. Como La Topera.
Y muchos que siguen con su música, sus dueños, su gente. Como La Ley Seca, Las Armas, La Lata de Bombillas, Sala Creedence, El Poeta Eléctrico, Pub Eccos, Linacero Discos & Café, para que tú puedas volver a casa los fines de semana oliendo a esos besos y a ese whisky que ya no podrás olvidar.
Por ellos, por los bares de esta jodida ciudad. Por los que están y por los que estuvieron.
30 de octubre de 2015
28 de octubre de 2015
EL ASESINO DEL VINILO YA TIENE PORTADA Y SINOPSIS
El Asesino del Vinilo ya está en la editorial y a punto de entrar en imprenta.
La portada, de Ángel Lalinde, y la sinopsis de Gonzalo de la Figuera, le dan un toque de calidad que pocos tienen la suerte de contar.
Todo, bajo la dirección de Javier Cinca "Viriato", el boss de STI Ediciones.
Aquí va un pequeño aperitivo de lo que será, de lo que es, El Asesino del Vinilo, mi tercera novela.
En breve, calendario de presentaciones.
En El asesino del
vinilo, de nuevo Alfredo Benedí atrapa al lector por el cuello y
no lo suelta hasta llegar al punto final. Lo hace con un estilo
narrativo seco y áspero, cortante como un cúter, desprovisto de
adornos y florituras. Con diálogos incisivos y lenguaje callejero.
Sin andarse por las ramas. Domínguez, heredero de la estirpe clásica
de los Marlowe, Spade o Archer pero en clave cheli, violento,
maleducado y borrachuzo, no descansará hasta resolver el doble
misterio. Por el camino también se cruza con una banda de proxenetas
que ponen en peligro la vida de La Yesi. Y hasta ahí podíamos
llegar; porque en el fondo de su endurecido corazón existe algo que,
aunque Domínguez no se atreva a llamarlo por su nombre, se parece
mucho al amor.
La portada, de Ángel Lalinde, y la sinopsis de Gonzalo de la Figuera, le dan un toque de calidad que pocos tienen la suerte de contar.
Todo, bajo la dirección de Javier Cinca "Viriato", el boss de STI Ediciones.
Aquí va un pequeño aperitivo de lo que será, de lo que es, El Asesino del Vinilo, mi tercera novela.
En breve, calendario de presentaciones.
Una chica de buena
familia desaparece tras asistir a un concierto. Otras tres mujeres
han sido salvajemente asesinadas. El ex inspector Domínguez, un tipo
duro, escéptico y desencantado, llega a Zaragoza acompañado por La
Yesi, su chica, para investigar la desaparición. A lo largo de un
ajetreado fin de semana, la extraña pareja recorre bares, garitos y
salas de conciertos, empapándose de whiskey y cerveza, en una
incierta búsqueda cuya trama se enreda y complica por momentos.
Tras Wacha los
güeros y Estúpidos y felices (en la que ya aparecía
Domínguez), sus anteriores novelas, Alfredo Benedí se
sumerge de lleno en la noche zaragozana, arrastrando consigo al
lector en un agitado viaje por algunos de sus locales más
reconocibles. Hay rock and roll, unos cuantos tortazos y peleas,
mucho Dyc sin hielo y una galería de personajes secundarios
(ficticios y reales) a través de los cuales Benedí retrata con
pulso firme la vida nocturna de la ciudad.
En El asesino del
vinilo, de nuevo Alfredo Benedí atrapa al lector por el cuello y
no lo suelta hasta llegar al punto final. Lo hace con un estilo
narrativo seco y áspero, cortante como un cúter, desprovisto de
adornos y florituras. Con diálogos incisivos y lenguaje callejero.
Sin andarse por las ramas. Domínguez, heredero de la estirpe clásica
de los Marlowe, Spade o Archer pero en clave cheli, violento,
maleducado y borrachuzo, no descansará hasta resolver el doble
misterio. Por el camino también se cruza con una banda de proxenetas
que ponen en peligro la vida de La Yesi. Y hasta ahí podíamos
llegar; porque en el fondo de su endurecido corazón existe algo que,
aunque Domínguez no se atreva a llamarlo por su nombre, se parece
mucho al amor.
Gonzalo de la Figuera
28 de septiembre de 2015
CRÍTICA DE WACHA LOS GÜEROS EN EL BLOG "EL TIEMPO DETENIDO" DE MARCOS CALLAU
Marcos Callau, coordinador del Ateneo Jaqués, colectivo dedicado a promover actividades culturales en la ciudad de Jaca, escribe una crítica en su blog El tiempo detenido de Wacha los Güeros.
La novela, publicada hace ya cuatro años, sigue tan viva como el rock and roll al que Marcos alude como uno de los pilares de la novela.
CRÍTICA DE MARCOS CALLAU EN EL TIEMPO DETENIDO
La novela, publicada hace ya cuatro años, sigue tan viva como el rock and roll al que Marcos alude como uno de los pilares de la novela.
CRÍTICA DE MARCOS CALLAU EN EL TIEMPO DETENIDO
17 de agosto de 2015
MESA REDONDA EN LA FERIA DEL LIBRO DE JACA 2015
Un buen domingo en la capital del Pirineo Aragonés.
Buen tiempo, público exigente y entendido y mesa redonda con tres figuras de primera línea del género negro nacional.
Por la mañana firma de ejemplares de Wacha los Güeros y Estúpidos y Felices en la caseta de Libros del Rescate.
Por la tarde tuve el honor de compartir ideas y opiniones sobre la novela negra actual con Lorenzo Silva, premios Nadal y Planeta, Michel Suñén, zaragozano con larga trayectoria en el género fichado recientemente por Pamiés y Lucía Santamaría, escritora polifacética de Soria.
La organización, a cargo del incansable equipo del Ateneo Jaqués, con Marcos Callau a la cabeza.
Y, como no, durante toda la jornada estuve compartiendo buenos momentos con clásicos de las ferias como Roberto Malo, Editorial Nalvay, Tropo y Olifante.
Buen tiempo, público exigente y entendido y mesa redonda con tres figuras de primera línea del género negro nacional.
Por la mañana firma de ejemplares de Wacha los Güeros y Estúpidos y Felices en la caseta de Libros del Rescate.Por la tarde tuve el honor de compartir ideas y opiniones sobre la novela negra actual con Lorenzo Silva, premios Nadal y Planeta, Michel Suñén, zaragozano con larga trayectoria en el género fichado recientemente por Pamiés y Lucía Santamaría, escritora polifacética de Soria.
La organización, a cargo del incansable equipo del Ateneo Jaqués, con Marcos Callau a la cabeza.
Y, como no, durante toda la jornada estuve compartiendo buenos momentos con clásicos de las ferias como Roberto Malo, Editorial Nalvay, Tropo y Olifante.
25 de julio de 2015
MESA REDONDA SOBRE LA NOVELA NEGRA ACTUAL
El domingo 16 de agosto, en la Feria del Libro de Jaca, participaré en una mesa redonda organizada por el Ateneo Jaqués de Marcos Callau sobre la novela negra actual junto a Lorenzo Silva, Michel Suñén y Lucía Santamaría, reconocidos escritores a nivel nacional. Antes, estaré firmando ejemplares en la caseta de Javier Cinca, editor de STI Ediciones ejemplares de Wacha los Güeros y Estúpidos y Felices.
19 de julio de 2015
SOUTH ENGLAND AND WALES BY CAR (Parte II) (Sur de Inglaterra y Gales en coche)
Cardiff
El sur de Inglaterra está separado del sur de
Gales por el río Seven. Un flamante puente, una de esas obras
arquitectónicas símbolo de modernidad, los une a través de la
autopista M-4. Gales es otro mundo dentro del Reino Unido. Símbolo
de lucha de las clases trabajadoras, de rugby y de grandes voces.
El primer día nos encontramos con los restos de las
aficiones del Real Madrid y del Sevilla. El día anterior, habían
jugado la final de la Supercopa de Europa en la ciudad. En el estadio
del Millenium, donde el equipo nacional de Gales juega sus partidos
de rugby, un cartel en la entrada decía: “Aquí no se juega la
final de fútbol, aquí solo se juega a rugby”. El mundo del fútbol
siempre cree que en todos los sitios atan los perros con longaniza.
En Gales, el rugby es el deporte rey. Cerca, en el estadio del
Cardiff, un amistoso entre los equipos de rugby sub 16 locales y el Newcastle inglés.
Shirley Bassey y por supuesto Tom Jones, son buenos
ejemplos de grandes voces galesas. La noche de Cardiff se llena de
improvisados concursos de karaoke donde jubilados o trabajadores
acuden a los pubs para tomar su ración de pintas y recordar viejos
tiempos. Clásicos del soul y del rock'n'roll son interpretados con
maestría por cada cliente que coge el micrófono. Nunca hemos sido
amigos del karaoke, pero escuchando buenos temas en buenas voces y
con media docena de pintas, la cosa pinta de otra manera.
El segundo día visitamos Blaenavon, antiguas minas
galesas hoy Patrimonio de la Humanidad. Tuvieron un significado
especial tanto para el progreso en los inicios de aquélla Revolución
Industrial, como por las durísimas condiciones de vida que tuvieron
que
Cruzamos el Brecon Beacons camino de Hay On Wye. Las
verdes montañas galesas son bajas y redondeadas. Los caminos que las
recorren, estrechos y lentos. Tienen vistas y te dan tiempo para
contemplarlas. Las ovejas galesas cruzan las carreteras y las granjas
te miran a lo lejos. Hay que parar y respirar el aire rural que lo
empapa todo. Olvidarse de prisas, de gente y del mundo de donde uno
procede. Gales es otro planeta.
Hay On Wye organiza la mayor feria del libro de segunda
mano del mundo. A finales de mayo la ciudad se llena, más si cabe,
de libreros y oportunistas dispuestos a vender y comprar los libros
que no se pueden encontrar, casi, en ningún otro lugar. Si no se
puede acudir a la Feria, cualquier día del año se puede visitar el
mayor número de librerías de viejo por metro cuadrado que alguien
pueda imaginar.
La Costa Galesa
La impronunciable Aberysywith es la más grande de las
localidades costeras del este. Tiene ambiente universitario, una
buena colección de pubs y un espectacular paseo de casas victorianas
y eduardianas. El buen tiempo nos fue dejando por un fuerte viento
proveniente del mar. Nos recogimos en un pub que no visitan
estudiantes, solo trabajadores, marineros y tipos realmente extraños
con un único denominador común. Sus ganas de beber. Nos juntamos y
tuvimos buenas conversaciones. De esas que no llegan a ninguna
conclusión, de esas que no se olvidan.
Snowdonia y norte de Gales
Beddgelert tiene casas de piedra, cafés con
turistas y un viejo puente desde donde se lanzan pequeños
clavadistas al fondo del río Colwyn. Es, puede ser, el pueblo más
bonito de Snowdonia. Nuestro fugaz paso por el Parque Nacional no lo
puede asegurar, pero casi. Es un lugar de postal, de cuento de los
Hermanos Grimm. Tiene un pequeño paseo rodeado de montañas
mofletudas y verdosas que invitan a quedarse. Pero nuestro destino
estaba más al norte, y la lluvia comenzaba a dejar de ser
intermitente para pasar a insistente.
Llandudno es un lugar de veraneo para los galeses.
Nuestra intención era dormir y salir a dar un paseo en barco por el
mar de Irlanda y saludar a la fauna. El viento estaba demasiado
irrespetuoso y nos lo impidió.
Liverpool
Liverpool es una buena ciudad para vivir. Como Bristol,
tiene un pasado canalla, un puerto reconvertido en zona de ocio para
gente cool con estatua incluida para Billy Fury y muchas zonas
interesantes por donde pasear o beber.
El Liverpool tenía partido de liga y la ciudad estaba
teñida de rojo. Buscamos flea markets, car boot sales y tiendas de
segunda mano en donde poder rebuscar cosas inservibles. Las
encontramos. Visitamos la sobrevalorada Chinatown y cenamos en dos de
sus restaurantes durante las dos noches que pasamos en la ciudad.
Pagamos bastantes libras por un hotel mediocre que no estaba
demasiado limpio. Lo que toca en una ciudad industrial. En fin, creo
que nos fuimos de Liverpool con una sensación agradable, buenas
recuerdos y una inamovible opinión sobre The Beatles.
Liverpool – Arras – Zaragoza
Todo
viaje, sin excepción, tiene fecha de caducidad. Desde los que
emprendemos la gente gris con una vida más o menos organizada, con
un trabajo que, cada día con más dudas, te espera a la vuelta y con
una cama que terminas echando de menos, hasta los que emprenden los
afortunados que únicamente compran el billete de ida.
Viajamos
cuando nos movemos, cuando nos descubrimos y soltamos pesados lastres
que atenazan nuestra existencia, cuando esos prejuicios, esa forma de
ver la vida, ese preocuparte por cosas que realmente o no importan o
no tienen solución, se quedan lejos al volver la vista hacia atrás.
Cuando esas normas básicas no se cumplen, ya se puede dar el viaje
por finiquitado. Estés de vuelta en tu casa hipotecada o viviendo a
la orilla del Amazonas con una tribu desconocida.
12 de julio de 2015
SOUTH ENGLAND AND WALES BY CAR (Parte I) (Sur de Inglaterra y Gales en coche)
Existen
demasiados tópicos y frases hechas sobre viajes y viajeros. La
mayoría son opiniones subjetivas, la mayoría acertadas. Sí, viajar
es conocer, descubrir y descubrirse. No importa tanto el destino,
como el camino recorrido para llegar a él. Un viaje son varias
licenciaturas en la mejor universidad y siempre queda grabado en tu
memoria. Momentos y sensaciones nuevas nunca hasta entonces vividas.
¿Quién de los que alguna vez nos hemos denominado viajeros y no
turistas, no hemos repetido alguna de las citas anteriores en un
intento de distanciarnos de los turistas de crucero y resort?
Pero
viajar también es signo de cobardía. De claudicar a la realidad
diaria, a las dificultades y a los compromisos. Huir de lo cotidiano.
Evitar esa rutina que negociamos a cambio de seguridad y, a veces,
termina arruinando nuestra existencia.
Como
miserables renegados de nuestros compromisos, de este sistema que a
veces te asfixia y no te deja respirar, el lunes cuatro de agosto del
año dos mil catorce, cargamos nuestro vehículo con unos pocos
bártulos y nos pusimos en ruta hacia la Pérfida Albión.
Zaragoza –
Le Mans
No
hay prisa y Le Mans nos recibe al final de la tarde. El hotel Ibis
está al lado de la ciudad amurallada, muy cerca de la entrada a lo
que fue otra época y otro mundo.
Hay
gente que vive en los contrafuertes de la antigua fortaleza y muestra
su casa y sus costumbres a los paseantes. Somos entrometidos y nos
gusta asomarnos a las ventanas ajenas.
Le
Mans no anda a la zaga de otras ciudades de la rivera del Loira como
Tours, o Blois o Poitiers. Le Mans es un buen lugar para hacer un
alto en cualquier camino. Como en toda Francia rural, la iluminación
de la parte vieja es discreta y fabrica sombras veladas. La Mairie
ayuda con imágenes proyectadas en suelos adoquinados y paredes
empedradas. Dibujos góticos modernizados por colores gritones que
destacan en las noches de verano cargadas de turistas.
Le Mans –
Canterbury
Reservar
por internet, localizar y entrar con el coche al puerto de Calais
para tomar un ferry que pasa a Dover, es asequible para cualquier
persona con un mínimo de neuronas a medio funcionar.
Los
acantilados blancos que antaño servían a los ingleses de protección
contra invasiones, siguen siendo tan encantadores como siempre. Las
gaviotas que acompañan a las embarcaciones, más mendigas y
bullangueras que nunca.
Conducir
por la izquierda no es un problema. Ni con el volante a la derecha,
ni con el volante a la izquierda. Si hubiera que decantarse, me quedo
con la segunda opción. Más celo en las rotondas, en las
incorporaciones a avenidas al carril contrario y poco más. En las
autopistas, comienzas agazapado como una rata en el carril lento (el
izquierdo), y a esperar que te visite la confianza para pasar al
rápido. Siempre que los atascos lo permitan.
Canterbury
es algo más que el centro anglicano de Inglaterra y los cuentos de
Geoffrey Chaucer. Tiene un pequeño riachuelo que la cruza cargado de
pequeños restaurantes y buenos pubs. En uno de ellos, el Lady Luck,
hay buenos conciertos de rock'n'roll en todas sus variantes. En la
puerta se juntan chicos y chicas con el pelo teñido de ese color
rojizo que tienen los ladrillos que cubren todas las fachadas del
país.
Canterbury –
Brighton
Lewes
está cerca de Brighton. Apenas un desvío de diez millas y se llega
a una calle larga, estrecha y con decenas de coches en ambas
direcciones. El centro está animado. Es pequeño, pero coqueto.
Aparcamos el coche en zona de pago, echamos lo justo para sobrevivir
media hora y buscamos un flea market que abre a diario. Un antiguo
heater rojo nos llama la atención. ¿Funciona o no funciona? No sé,
dice la señora que dirige tres plantas de una casa repletas de
antiguallas. El antojo pasa de las cien libras. Si, no, si, no, si,
no. Mientras, un vinilo de Townes Van Zandt se pega a mis manos.
Volvemos con más monedas para el parking y una chica vestida de
uniforme escribe una letanía delante de nuestro coche. No money, no
honey, parece decir. Volvemos a por el heater y decidimos no pagar la
multa. Acabamos de ahorrarnos cincuenta libras.
Un
pub es una buena opción para alojarse en Inglaterra. Especialmente
si es un pub situado en algún barrio de cualquier ciudad, donde
acude a beber gente como tú, o gente como yo. Gente normal, gente
corriente. Te cuentan su vida, nada especial, aunque siempre interesa
la forma en cómo la cuentan. La importancia que le dan a lo
intrascendente y los rituales que siguen para rellenar una tarde más
de su biografía. En el Bow Street Runner de Brighton hay una mezcla
de pensionistas y trabajadores en el ocaso de su vida laboral que se
juntan para hablar de cosas importantes. De las cosas que nunca salen
en los periódicos ni en las noticias. Puedes hacerles cualquier
pregunta que te responderán sin dudarlo. Incluso, si no les
preguntas nada, intentarán por todos los medios entrar en alguna
conversación. ¿Donde está el Mesmerist?, preguntamos. En el
centro, nos dice un conductor de autobús mientras abandona una pinta
con desgana y pone su dedo en nuestro mapa. ¿A qué vais allí?
Pregunta el dueño del pub. A un concierto de swing. Ok, es un buen
sitio. Muy elegante. Necesitaréis un buen fajo de libras para entrar
allí, chicos, sonríe un veterano de la vida sin mirarnos.
Brighton
es vanguardia y tendencias. Todo el mundo llega allí, se da un
garbeo, observa y vuelve con una imagen para sí mismo robada a la
multitud. Hay gente guapa que casi siempre es gente con bastante
dinero, pero también otros muchos que no tienen nada. Que duermen
encima de plásticos en las paredes de las discotecas de moda,
mientras los más modernos hacen fila para entrar. Ni la abundancia
ni la miseria se escapan de ningún rincón del planeta.
El
Mesmerist es un lugar elegante para gente elegante. Chicos de color
que viven en algún gimnasio controlan la entrada al local. Llevan
auriculares y de vez en cuando hablan con alguien sobre la
conveniencia o no de que tal o cual grupo entre al concierto.
Nosotros tenemos suerte. Dentro hay, sobre todo, ejecutivos y parejas
bien vestidas. Atípico para un bolo de rock'n'roll. Todos beben
bastante y la primera fila de la barra no tiene vistas al mar. Ni
siquiera al bar. Todo son cabezas intentando conseguir una
consumición que difícilmente llega. El grupo sale a escena y
calienta motores. No cambiarán de marcha en toda la noche. Tocan
como si se les hubieran impuesto un castigo. O por dinero, que viene
a ser lo mismo. Tomamos unas pintas y nos vamos antes de que finalice
el show. No nos encontramos a gusto.
Brighton-Salisbury-Winchester-London
Los
caminos que recorren la zona donde se encuentran Winchester,
Salisbury o Avebury son tan interesantes como las propias ciudades.
Pasan por pequeños pueblos de casas de piedra, de carreteras
estrechas, de flores en las ventanas y gente de rictus relajado. Son
esas partes del planeta donde parece que todo funciona más despacio,
sin prisa.
Salisbury
tiene una gran superficie de cemento en el límite de la parte vieja
para dejar los vehículos. Pocos metros después de un supermercado,
un río, un puente, unos cisnes y muchas casas bajas de ladrillo rojo
invitan a quedarse. A perder el tiempo en cosas tan insustanciales
como observar un cisne nadar contracorriente o a un pato arreglarse
las plumas. A ver la gente pasar. Hace calor, y el sol se asoma desde
la punta de la aguja de la catedral. Dicen, la más alta del Reino
Unido. El centro es compacto sin ser pequeño, aunque la mayor parte
lo ocupan los prados de hierba que rodean la catedral. La ciudad,
tiene calles adoquinadas y arcos entre las casas que en otros tiempos
fueron las puertas de acceso a la población.
Tomamos
camino de London Town.
Con
ayuda tecnológica llegamos a nuestro hotel emplazado en la zona de
Bayswater. Dejamos las maletas y buscamos alojamiento para nuestro
coche. Cuatro días y cuatro noches. La recepcionista nos aconseja el
parking de un pequeño centro comercial cercano. Llegamos. Un chico
de color nos atiende. Nos da un precio. El oficial. Es caro, le
decimos. No tanto como en Madrid o en Barcelona, pensamos. Nos da
otro más bajo. Sigue siendo caro, insistimos. Sin movernos del
sitio, nos vamos al mercado negro. Ese que, al final, existe en
cualquier mundo. El que llaman tercero y en el que nosotros vivimos.
Que ya no sé cual es. Nos baja hasta la mitad del precio oficial,
hace un juego con las tarjetas de entrada y salida en un ordenador,
le ofrecemos nuestra visa, cabecea de izquierda a derecha, le damos
libras legales, se las echa al bolsillo y nos vamos pensando si
podremos sacar el coche a la vuelta.
Bayswater
es un buen barrio para alojarse, de hecho las últimas veces hemos
terminado en él. Tiene buenos restaurantes asiáticos y a buen
precio en su calle principal. En Queensway. Cerca, está el mercado
de Portobello, que sigue estando tan desagradablemente apestado de
turistas en su parte baja y tan interesante en su parte alta.
London (Four
days, four nights)
No
hay mortal que no se conozca de memoria los mejores lugares a visitar
en Londres. Grandes museos, palacios, torres, cambios de guardia,
parques, todos está tan trillados que resulta tedioso hablar de
ello. En cualquier guía, en cualquier web site, hay buenos consejos
del sightseeing londinense.
También
hay mercadillos ilustres como Portobello o Camden Town, de sobra
conocidos por todos. Han perdido el sabor de mediados de los 80,
cuando esos grupos de chicos que ya entonces empezaron a llamar
tribus urbanas pasaban buenas horas por ellos comprando discos y
ropa. Ahora, los dos, son nidos infestados de turistas de lo más
vulgar, de lo más corriente. Quizás Brick Lane, en Shoreditch, se
acerca más a aquél espíritu de entonces. Hay galerías de arte,
tiendas de ropa de diseñadores independientes y buenos puestos de
discos de vinilo.
En
Londres, además de los flea market, existen
los tradicionales car boot sales,
buenos lugares para tomarle al pulso a la clase trabajadora del país.
Allí, se juntan inmigrantes y nativos de las clases sociales menos
favorecidas para comprar o vender lo que ya no les sirve pero a otros
puede que sí. Los que venden llevan sus viejos coches repletos de
viejas pertenencias, los aparcan en una zona delimitada (casi siempre
un colegio o un solar sin edificar) y usan el maletero a modo de
expositor. Los que compran, van cargados de paciencia y ánimo para
regatear. Hay discusiones como en aquéllos casi extintos mercadillos
de barrio españoles, los precios rondan la libra y tú, como turista
o viajero, como diablos prefieras identificarte, tienes la
oportunidad de comprar cosas que ya no verás en las tiendas. Y,
porqué no, hacer un regalo curioso a la vuelta. Algo que nadie más
podrá regalar. En esta dirección los podréis encontrar:
http://www.carbootsales.org/county/london.html
El Ain't nothing but blues está en Kingly St., en
pleno centro, y tiene, como en el cine, sesión de tarde y noche.
Siempre toca algún grupo y de buena calidad. The Bluematics son una
banda curtida en mil batallas que nos ofrecieron una buena dosis de
versiones clásicas desde Mississipi hasta Chicago.
Más moderno, más preparado para los tiempos que
corren, menos a nuestro gusto, es The Blues Kitchen en sus dos
versiones de Camden High St y Curtain Rd. Allí vimos a los Jack
Rabbit Slim, pero el ambiente, la excesiva seguridad y un control
asfixiante nos obligaron a abandonar antes de los bises.
El último día le hicimos un homenaje a Agatha
Chistie. A Hercule Poirot. Visitamos las Whitehaven Mansions, el
edificio donde vive el pomposo e inteligente detective en la serie de
TV. Realmente es la residencia Florin Court, una construcción Art
Deco del año 1936.
Londres es Londres y no hay ninguna ciudad que se le
parezca. Es populosa, es interminable, pero es agradable de recorrer.
Siempre me ha parecido un pueblo enorme de casas bajas y calles
estrechas. Es una capital atípica donde siempre me he encontrado tan
a gusto que nunca me ha sido fácil abandonar. Pero todo se acaba.
Pronto lo bueno y tarde lo malo.
Bath
La
autopista que une Londres y Bath suele estar repleta de atascos. Es
rápida, pero el intenso tráfico no permite correr.
El anfiteatro natural que rodea Bath y sus hileras de
casas de color dorado hacen de la ciudad un lugar casi idílico. No
es difícil señalarlo al poco de llegar como el lugar donde te
gustaría pasar el resto de tu vida. El Royal Crescent, un
impresionante conjunto de casas que se asoman a una verde pradera de
césped, la Abadía y los baños romanos son suficientes motivos para
visitarla. Todo es demasiado británico, demasiado coqueto, demasiado
encantador. Posiblemente, si decides quedarte a residir en ella,
termines atragantado de aburrimiento.
Aun
así, Bath no es solo su trío de lugares emblemáticos. Tiene un
laberinto de calles escondidas con buenos pubs con cerveza artesanal
propia, tiendas de exquisitas cakes y un parque público para el
verano, que en invierno se convierte en el campo de juego del equipo
de rugby local.
Los dos días de estancia nos dieron para acercarnos hasta Bristol dando un pequeño rodeo por Wells y la garganta de Cheddar, una carretera de buenas vistas y un pueblo que puedes dejar de visitar. El queso, lo puedes probar en cualquier lugar.
Bristol es una ciudad portuaria, antiguo centro de
comercio de esclavos. El puerto sigue siendo el pulmón de la ciudad
y, como en muchas, ya ha limpiado el hedor del tráfico humano con un
plan urbano que permite pasear, cenar y divertirse en sus antiguos
muelles ahora convertidos en pubs, tiendas y restaurantes.
El tiempo en Bristol no nos acompañó. Intermitentes
trombas de agua cayeron toda la tarde y nos obligaron a verlo a
través de nuestros chubasqueros.
De vuelta a Bath recorrimos un par de céntricas calles
con un buen surtido de tiendas de segunda mano.
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